Feroz resistencia al aborto legal en América Latina

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Tímidos intentos de despenalización chocan con la Iglesia – Miles de muertas y millones de operaciones clandestinas

SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ – Buenos Aires – 23/10/2009

(EL PAIS.com) María Silva y María Díaz tenían 22 y 21 años, eran madres de uno y de dos niños y no querían tener más. Murieron a finales de septiembre y principios de octubre en Santa Fe y en Córdoba (Argentina), víctimas de infecciones provocadas por abortos clandestinos, realizados en pésimas condiciones sanitarias. La única periodista que lo contó fue Mariana Carvajal, en Página12. El resto de los medios argentinos ignoraron prácticamente las dos muertes.

La negativa a debatir los terribles efectos de la ilegalización del aborto, el hecho de que constituye un grave problema de salud pública, es una de las peores maldiciones que sufren las mujeres de casi todo América Latina, uno de los sitios más peligrosos del mundo para ser mujer y uno de los que más tarde ha llegado el cambio cultural sobre la sexualidad y la reproducción. De nada sirve que las estadísticas hablen de cuatro millones de abortos clandestinos al año o de 4.000 mujeres muertas que pudieron haberse evitado. Imposible conseguir que los parlamentos discutan la situación o que políticos de peso se pronuncien a favor de legalizar la interrupción voluntaria del embarazo. Increíblemente, en algunos casos las leyes aprobadas en los años treinta para autorizar abortos terapéuticos (por riesgo de la vida de la madre o por violación) han sido revisadas, pero para endurecerlas más. Y en los pocos países en los que se intenta avanzar, la reacción es furibunda.

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